Wednesday, January 16, 2008

El ahorcado


Cincuenta veces me subí en aquella bendita silla de hotel intentando quitarme la vida. Cincuenta veces lo hice a sabiendas de mi mala suerte con las mujeres. La primera vez solo sentí el fuerte golpe al caer. Por alguna extraña razón, fracasé. Lo mismo sucedió las cuarenta y nueve noches siguientes, ¡fracasé! En vano revisaba la cuerda antes de cada evento, puesto que al tensarla siempre estaba bien, intacta. Tras cada golpe contra el suelo, regresaba a la cama y recordaba en silencio el eterno desamor de todas las mujeres que amé.


Una última jugada –me dije a mí mismo, maldiciendo con rabia a todas mis mujeres: a Julia, a Rosa, a Beatriz, a Sofía. A todas las maldije, por crueles, por hipócritas, por hijas de p…; terminando de decirles puta, sentí de súbito un peso enorme sobre mis hombros. Era mi cabeza que finalmente había vuelto a su lugar: no menos de cincuenta veces la había perdido sin darme cuenta. Mala suerte para mí que al percatarme de ello resbalé de aquella bendita silla de hotel.

Yoel Villa -(3)

2 comments:

oMar-Mota said...

magno! que buen mini-suicidio... felicitaciones!!!

de vida o muerte said...

El miedo siempre se come a los hombres... el suicidio es esperanzador para el hombre silencioso... la noche es una pena que pasa y pasa... hasta que en un momento de desahogo caes para siempre...

Gracias por leer...